
"Western en Algete: el fuerte confederado y el rancho donde Burt Reynolds se convirtió en Navajo Joe"
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Subido por: Jose Luis De Vicente Blazquez
- Fecha de Creación:
- Fecha de Actualización: 6 de octubre de 2026
🤠 Un fuerte confederado de madera que ya no existe, un rancho junto al Jarama donde Burt Reynolds se puso una peluca que «le hacía parecer Natalie Wood» y un pueblo, Algete, que durante los años sesenta fue frontera de México una y otra vez. Esta es la historia del western en Algete y Torremocha de Jarama, la Ruta Este del mapa oficial del Far West madrileño, la hermana menos conocida de Hoyo de Manzanares y Colmenar Viejo.
El Jarama, frontera del Oeste europeo a las puertas de Madrid
Al norte de la capital, donde el río Jarama separa Algete de Torremocha de Jarama, la industria del wéstern europeo encontró durante los años sesenta y setenta un terreno perfecto: llano, seco en verano, con vegetación de ribera que podía pasar por Texas, Arizona o la frontera mexicana según lo necesitara el guion. Mientras Hoyo de Manzanares se especializaba en pueblos estables y decorados fijos, esta zona funcionó más bien como plató abierto: se construía lo que hacía falta, se rodaba, y se desmontaba.
El resultado es una ruta que la propia oficina de promoción audiovisual de la región, Film Madrid, cataloga hoy como «Ruta Este» dentro de su mapa del Far West madrileño, con Algete y Torremocha de Jarama como protagonistas, además de Daganzo de Arriba y Alcalá de Henares algo más al este. Y es, también, la ruta por la que pasó uno de los wésterns más insólitos de la época: una producción italoespañola con Burt Reynolds de protagonista, dirigida por el mismo Sergio Corbucci de Django.

Algete y su fuerte confederado: tres películas en el mismo decorado
El episodio más curioso de esta ruta es el fuerte confederado que se construyó en Algete para La carga de la policía montada (1964), dirigida por Ramón Torrado, uno de los artesanos más prolíficos del cine popular español de posguerra. El decorado, pensado para una única película, resultó tan aprovechable que se reutilizó al menos dos veces más: en Mestizo (1966, Julio Buchs) y en Un hombre vino a matar (1967, León Klimovsky).
Nada de esa construcción ha sobrevivido. A diferencia de Fort Bravo o de Golden City, pensados desde el principio para durar y para recibir visitas, el fuerte de Algete fue un decorado de usar y tirar, como la inmensa mayoría de los que se levantaron en la región durante aquellos años. Hoy, en el lugar donde estuvo, solo queda el mismo paisaje llano que atrajo a los equipos de producción: Algete es, sobre todo, un municipio residencial de la periferia norte de Madrid, sin ninguna señalización que recuerde su pasado como decorado del salvaje oeste.
La carga de la policía montada, la película que estrenó aquel fuerte, es una producción de aventuras a la antigua usanza: un oficial de la policía montada canadiense debe infiltrarse entre contrabandistas de armas y tribus indígenas levantadas en la frontera con Estados Unidos, con la correspondiente galería de uniformes, caballerías y escaramuzas. Ramón Torrado, su director, venía del cine folclórico español de los años cincuenta y encontró en el wéstern una vía natural para seguir haciendo lo que mejor sabía: aventuras de acción sencillas, con mensaje patriótico y final feliz garantizado, muy alejadas del tono crudo que Corbucci o Sollima impondrían pocos años después a pocos kilómetros de allí.
Daganzo de Arriba y Alcalá de Henares, el resto de la Ruta Este
Algete y Torremocha de Jarama no agotan la Ruta Este del mapa de Film Madrid. En Daganzo de Arriba se instalaron los antiguos Estudios Madrid 70, donde llegaron a rodar nombres como Robert Shaw, Gina Lollobrigida y Lee Van Cleef en títulos como El hombre del río malo (1971, Eugenio Martín), ¿Qué nos importa la revolución? (1972, Sergio Corbucci) o Tres forajidos y un pistolero (1973, Richard Fleischer). Que un estudio de producción con ese nivel de estrellas internacionales operara en un pueblo hoy prácticamente desconocido fuera de la región da la medida real de la industria que llegó a sostener Madrid en aquellos años.
Más al este, Alcalá de Henares aportó tanto escenarios urbanos —el Palacio Arzobispal y el Teatro Cervantes sirvieron de localización para varias producciones— como el espacio natural del Parque Los Cerros, activo en rodajes de wéstern entre 1962 y 1983. Allí se filmó, entre otras, Caza implacable (1971, Don Medford), con Oliver Reed y Gene Hackman compartiendo cartel, un ejemplo más de hasta qué punto Hollywood y el cine europeo se mezclaron con total naturalidad en el paisaje madrileño.
El Soto de la Noria: el rancho de Torremocha de Jarama donde nació Django
Cruzando el río, en Torremocha de Jarama, el rancho conocido como El Soto de la Noria fue el escenario de algunas de las producciones más recordadas del spaghetti western. Allí rodó Sergio Corbucci buena parte de Django (1966), la película que, con Franco Nero arrastrando un ataúd por el barro, redefinió la violencia y la estética del género en Europa. También se filmaron en este mismo rancho Minnesota Clay (1964, Corbucci de nuevo) y Cara a cara (1967, Sergio Sollima, con Gian Maria Volonté).
Que un mismo rancho madrileño sirviera de escenario a tres títulos hoy considerados clásicos del spaghetti western —y a los dos directores, Corbucci y Sollima, que más contribuyeron a definir su tono político y violento— da una idea de hasta qué punto esta zona del Jarama, pese a su escasa fama actual, fue un auténtico plató de referencia para el género en su etapa más creativa.

El Soto de la Noria no fue un hallazgo casual: su terreno junto al río, con vegetación baja y accesos sencillos desde Madrid, permitía rodar escenas de persecuciones a caballo y de enfrentamientos a gran escala sin desplazar a los equipos demasiado lejos de los estudios de la capital. Esa misma lógica de proximidad y versatilidad es la que, años más tarde, llevaría a parte de la industria a trasladarse definitivamente a Almería, donde el paisaje desértico necesitaba aún menos artificio.
El impacto cultural de lo rodado en El Soto de la Noria fue, en el caso de Django, muy superior a lo que cualquiera pudo imaginar durante el rodaje. La película resultó tan violenta para los estándares de su época que el Reino Unido prohibió su distribución hasta el año 1993, casi treinta años después de su estreno, y en Italia generó decenas de secuelas no oficiales que usaban el nombre «Django» sin ninguna relación real con la historia original, aprovechando que el título no estaba registrado como marca. Pocas localizaciones madrileñas pueden presumir de haber sido escenario de un filme con semejante recorrido.
Navajo Joe: cuando Burt Reynolds se convirtió en indio en el western en Algete y alrededores
La producción más conocida internacionalmente de toda esta ruta es, sin duda, Navajo Joe (1966), otro título de Sergio Corbucci rodado en los alrededores del Jarama, con partitura de Ennio Morricone. El productor Dino De Laurentiis quería a Marlon Brando para el papel de un indio navajo que venga en solitario la masacre de su tribu a manos de un cazador de cabelleras, pero acabó fichando a un Burt Reynolds todavía poco conocido porque, según el propio productor, «se parecía a Brando».
El propio Reynolds contó después, con su habitual sentido del humor, que el equipo italiano no tenía muy claro cómo debía verse un indio navajo auténtico: la peluca que le hicieron llevar, decía, le hacía parecer «Natalie Wood». La anécdota resume bien el tono de buena parte del wéstern en Algete y su comarca: producciones modestas, rodadas a toda velocidad, con estrellas americanas emergentes —Reynolds, en este caso— que años después reirían de sus propios inicios en el género.
La crítica no fue amable con la película en su estreno: el New York Times la calificó de «incolora», y años después Entertainment Weekly llegó a darle la nota mínima, describiéndola como «un chapuceo italiano doblado». El propio Reynolds bromeó alguna vez diciendo que solo se proyectaba «en cárceles y aviones, porque nadie podía marcharse». Pese a ello, con el tiempo Navajo Joe se ha revalorizado como una pieza menor pero genuina del spaghetti western más crudo, y la partitura de Morricone sigue siendo una de las más buscadas por coleccionistas del género.

¿Qué queda hoy del western en Algete y Torremocha de Jarama?
Prácticamente nada visible. Ni el fuerte confederado de Algete ni el rancho El Soto de la Noria de Torremocha de Jarama sobrevivieron como atracción turística, a diferencia de lo ocurrido en Almería con Fort Bravo. Ambos municipios han crecido como zonas residenciales de la periferia norte de Madrid, y su pasado cinematográfico sobrevive únicamente en catálogos especializados, en la ficha técnica de películas como Django o Navajo Joe, y en el mapa oficial de Film Madrid.
Esta Ruta Este comparte destino con la vecina Dehesa de Navalvillar, en Colmenar Viejo, y con Golden City, en Hoyo de Manzanares: todas formaron parte de la misma industria madrileña del wéstern europeo que, entre los años sesenta y setenta, llegó a producir más títulos que la propia Almería, antes de que esta última se impusiera definitivamente como capital española del género gracias a decorados pensados para durar.
¿Sabías que Burt Reynolds rodó un wéstern a las puertas de Madrid antes de convertirse en estrella de Hollywood? La próxima vez que pases por Algete o Torremocha de Jarama, recuerda que, durante un par de inviernos de los años sesenta, aquel paisaje tranquilo fue territorio apache, confederado y mexicano, todo a la vez.





