
-
Subido por: Jose Luis De Vicente Blazquez
- Fecha de Creación:
- Fecha de Actualización: 26 de octubre de 2026
🔥 Durante ocho años, a un paso de la Diagonal de Barcelona, hubo un pueblo del Oeste con saloon, banco, iglesia mexicana y calle de arena por la que cabalgaban pistoleros de medio mundo. Se llamaba Esplugas City, lo levantaron los hermanos Balcázar en Esplugues de Llobregat y por él pasaron unos 70 wésterns antes de que, en 1972, lo convirtieran en ceniza frente a tres cámaras. Hoy no queda nada: solo pisos, un instituto y la memoria de quienes lo vivieron.

🎬 Los Balcázar: una familia que quiso su propio Hollywood
La historia empieza mucho antes del primer duelo. Los hermanos Balcázar, con Alfonso y Francisco al frente, fundaron en 1951 Producciones Cinematográficas Balcázar y, cuatro años después, la distribuidora Filmax, un nombre que todavía hoy suena en la industria española. Ya tenían estudios en la calle San Antonio María Claret de Esplugues, pero les faltaba lo más importante para el cine de moda: un exterior.
En 1964 dieron el gran salto. Construyeron en Esplugues unos estudios de producción y doblaje con cinco platós que sumaban más de 5.500 metros cuadrados, con salas de sonido, proyección y montaje. Por aquellas naves pasó buena parte del cine barcelonés de la época, desde películas de Antonio Isasi-Isasmendi o Josep Maria Forn hasta títulos de la Escuela de Barcelona como Tuset Street o Dante no es únicamente severo.
Pero lo que de verdad los hizo célebres estaba fuera, al aire libre, entre los barrios de Centre y La Mallola.
🏜️ Así era Esplugas City por dentro
El poblado ocupaba unos 9.400 metros cuadrados —algunas fuentes lo redondean a 10.000— y se organizaba en tres calles con alrededor de 40 edificios. Su diseño se encargó a Juan Alberto Soler, uno de los directores artísticos más reputados del momento, y la crítica de la época alabó la calidad de los decorados.
Había tres ambientes muy definidos para que cada película pudiera vestir el pueblo a su gusto: el Oeste minero, con casas de madera más humildes; el pueblo próspero, con su banco, la oficina del sheriff, la barbería y el almacén; y el barrio mexicano, coronado por una iglesia. La calle principal medía unos 120 metros de largo por 12 de ancho y estaba cubierta de arena para que los caballos levantaran polvo de verdad.
Como en casi todos los poblados de cine, la mayoría de construcciones eran solo fachadas. Sin embargo, algunas, como el saloon, el banco o la iglesia, se levantaron completas para poder rodar también en su interior, algo que ahorraba tiempo y dinero a las producciones.

🤠 Esplugas City, la «Almería catalana» del spaghetti western
El momento no podía ser mejor. El éxito de Sergio Leone había desatado una fiebre por el wéstern europeo y las coproducciones con Italia necesitaban decorados baratos, cercanos y listos para usar. Esplugas City, inspirado en los poblados de Tabernas, ofrecía justo eso a pocos minutos de una gran ciudad, con hoteles, técnicos y laboratorios a mano.
Entre los títulos que se rodaron allí figuran Pistoleros de Arizona (1965), Una pistola para Ringo (1965), Crónica de un atraco (1968) o El más fabuloso golpe del Far West (1970). Por sus calles pasaron rostros como Giuliano Gemma, Klaus Kinski o incluso Christopher Lee, según recoge la prensa catalana que ha recuperado su historia.
La mayoría de las películas eran coproducciones hispano-italianas, y la etapa más brillante del poblado se concentró entre 1964 y 1967. A partir de ahí, la actividad continuó, pero con títulos más modestos y algún intento de dar al espacio otros usos.
En total, se calcula que en Esplugas City se rodaron unas 70 películas en apenas ocho años, una cifra que lo sitúa entre los platós western más productivos de Europa.
Esplugas City no fue el primero: antes ya existían decorados permanentes del Oeste en la Comunidad de Madrid, como el que se levantó en Colmenar Viejo, cuatro años antes que Golden City. Pero sí fue de los primeros con vocación de estudio integral, con platós y exterior en el mismo recinto.
🛣️ Una autopista y un ministro: el principio del fin
El declive llegó por varios frentes. El primero, el propio género: a principios de los setenta el spaghetti western empezaba a agotarse y los encargos caían. El segundo, el urbanismo. La construcción de la autopista B-23 obligó a trasladar parte del decorado a un solar más pequeño cercano, en la zona donde hoy se levanta el Instituto La Mallola.
El tercero fue político. El poblado se veía desde la autopista, y según cuentan las crónicas, al ministro de Información y Turismo de Franco, Alfredo Sánchez Bella, no le gustaba nada aquel pueblo de madera a la entrada de Barcelona: consideraba que «desentonaba» con el entorno y que daba mala imagen del país. La orden fue tajante: había que derribarlo.
Los Balcázar, que veían venir el final del género, habían pensado en una alternativa mucho más ambiciosa: convertir los decorados en un parque temático del Oeste, el que habría sido el primero de España. Llegaron a conseguir permisos, pero el proyecto nunca salió adelante.
🔥 Le llamaban Calamidad: el wéstern que quemó Esplugas City
Si había que destruir el pueblo, al menos que quedara en pantalla. Esa fue la idea con la que se rodó en 1972 Le llamaban Calamidad, la última película filmada en Esplugas City. Su desenlace muestra un enorme incendio provocado por unos bandidos que arrasa el pueblo entero… y el fuego fue completamente real.

Como la escena no se podía repetir, el equipo la filmó con tres cámaras a la vez, por si alguna fallaba. Las imágenes del incendio fueron tan espectaculares que se vendieron después a otras producciones, de modo que es posible que el fuego de Esplugas City aparezca en más películas de las que imaginamos. Lo que no ardió se dinamitó.
Con las llamas se apagaron también los estudios. El lejano Oeste del área metropolitana de Barcelona desapareció para siempre, y con él uno de los capítulos más curiosos del cine catalán.
🏘️ Qué queda hoy de Esplugas City
La respuesta corta es: prácticamente nada. Esplugues de Llobregat es hoy una ciudad residencial, de las de renta más alta de Cataluña, y en los terrenos donde estuvo el poblado se levantan viviendas, calles y equipamientos. Las crónicas que han visitado la zona hablan de una única superviviente del decorado: una vieja palmera seca.

Es el gran contraste con Almería, donde poblados como Fort Bravo siguen en pie y abiertos al público más de medio siglo después. En Esplugues, en cambio, la memoria del Far West se ha mantenido sobre todo gracias a coleccionistas, blogs de aficionados y algún homenaje municipal con motivo de su 50 aniversario.
🎞️ Goodbye Ringo: el documental que rescató el poblado
La gran reivindicación llegó en forma de película. Goodbye Ringo, el documental dirigido por Pere Marzo y coproducido por TV3 y Aragón TV, reunió a actores, directores y técnicos que trabajaron en los Estudios Balcázar para contar desde dentro la época dorada del spaghetti western en Cataluña.
El documental ganó el Premio del Público al mejor documental en el Festival de Sitges y pasó por citas como el Almería Western Film Festival, Guangzhou Doc o DOCfeed Eindhoven. Para muchos espectadores fue la primera vez que oían hablar de un Oeste a orillas del Llobregat.
📚 Para saber más sobre Esplugas City
Si te interesa el tema, merece la pena leer el reportaje de El Debate sobre el pueblo vaquero de Barcelona que dinamitaron porque molestaba a un ministro, que ha servido de base para esta pieza, junto con el de Crónica Global sobre «la Almería catalana».
Y si quieres seguir la ruta de los decorados del Oeste que salpicaron España, en nuestra sección de localizaciones del western europeo encontrarás Tabernas, la sierra de Madrid, Burgos y muchos rincones más.
🤔 ¿Habías oído hablar alguna vez de Esplugas City? ¿Conoces a alguien que trabajara como extra en los Estudios Balcázar? Cuéntanoslo en los comentarios: entre todos podemos reconstruir un poco más la historia del Far West catalán.







