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Subido por: Jose Luis De Vicente Blazquez
- Fecha de Creación:
- Fecha de Actualización: 26 de septiembre de 2026
🤠 Antes de decir que no a Sergio Leone, Richard Harrison ya había disparado un revólver en La Pedriza. El actor estadounidense, uno de los rostros habituales del spaghetti western de los años 60, ha muerto a los 90 años el pasado 18 de septiembre en Los Ángeles, según ha confirmado la productora Joan Borsten a The Hollywood Reporter. Su nombre queda ligado para siempre a una de las anécdotas más repetidas —y menos verificables del todo— de la historia del género: haber recomendado a un tal Clint Eastwood para un papel que él mismo rechazó.
Pero antes de esa leyenda, y después de ella, Harrison rodó docenas de películas en España, Italia y medio mundo, incluida al menos una producción filmada en pleno Madrid, en La Pedriza de Manzanares El Real, la misma sierra que años más tarde volvería a vestirse de Oeste para Sergio Leone.
🎬 De culturista en Salt Lake City a galán del péplum italiano
Richard Harrison nació el 26 de mayo de 1936 en Salt Lake City, Utah. Con 17 años se trasladó a Los Ángeles, donde empezó a frecuentar los gimnasios de Vic Tanny y Bert Goodrich, dos templos del culturismo por los que pasaba buena parte de la industria de Hollywood en los años 50. Ahí lo descubrieron, estudió interpretación con Sandy Meisner en la Twentieth Century Fox y debutó en el cine con un papel menor en South Pacific (1958).
El salto decisivo llegó a principios de los 60, cuando se mudó a Italia con un contrato de tres películas firmado con el productor Italo Zingarelli. Allí se convirtió rápidamente en uno de los protagonistas habituales del cine de romanos y gladiadores, con El gladiador invencible (1962) como su primer gran papel, y más tarde en el eurospy, el subgénero de espías europeo que imitaba a James Bond con la mitad de presupuesto.

🌵 El Rojo: el spaghetti western que Richard Harrison rodó en Madrid
Entre péplums y películas de espías, Harrison también se subió al caballo. En 1966 protagonizó El Rojo, dirigida por Leopoldo Savona bajo el seudónimo de Leo Coleman, donde interpretaba a Donald Sorenson, un superviviente que vuelve a un pueblo llamado Gold Hill para vengarse de los hombres que asesinaron a su familia. Le acompañaban Nieves Navarro, Piero Lulli y Mirko Ellis, en una producción ítalo-española típica de la época.
El Rojo se filmó entre los estudios de Cinecittà, en Roma, y La Pedriza, en Manzanares El Real, la misma sierra madrileña que meses antes había servido de decorado para escenas de otros westerns europeos y que, según cuenta la tradición de rodajes de la zona, llevaba desde los años 50 recibiendo a producciones de romanos y vaqueros por igual. Harrison, que era zurdo, tuvo que rodar buena parte de sus escenas de pistoleros con la pistolera al lado equivocado, porque los directores italianos insistían en que los héroes desenfundaran con la derecha.
🎯 La anécdota que él mismo llamaba «mi mayor contribución al cine»
La historia que ha acompañado a Harrison en todos sus obituarios de esta semana es la siguiente: cuando Sergio Leone le ofreció el papel protagonista de Por un puñado de dólares (1964), Harrison ya tenía otros compromisos y rechazó la oferta. Fue entonces, según contó él mismo durante décadas en entrevistas, cuando recomendó a Leone que probara con un actor de televisión casi desconocido en Europa: Clint Eastwood.
«Mi mayor contribución al cine», bromeaba Richard Harrison cada vez que le preguntaban por el papel que no aceptó y que acabó lanzando la carrera de Clint Eastwood como icono del western.
Sea o no exacta al cien por cien —hay versiones distintas sobre quién propuso realmente a Eastwood—, la anécdota resume bien el lugar de Harrison en la historia del spaghetti western: nunca fue la gran estrella del género, pero estuvo en el sitio exacto, en el momento exacto, más de una vez.

🕵️ Del eurospy a las películas de ninjas de Hong Kong
Durante los años 60 y 70, Harrison alternó el western con el cine de espías europeo —Agente Fireball (1965) fue, según él mismo, lo mejor que hizo en el género— y con producciones rodadas en Egipto, Hong Kong y Yugoslavia a medida que el negocio del cine italiano se iba apagando. También dirigió alguna película, como la comedia western Two Brothers in Trinity (1972).
La etapa más extraña de su carrera llegó en los años 80, cuando el productor Joseph Lai y el director Godfrey Ho lo convirtieron, casi sin él quererlo, en la cara de una veintena de películas de ninjas de bajo presupuesto rodadas en Hong Kong, mezclando metraje nuevo con recortes de otras cintas que el estudio ya tenía en propiedad. Harrison llegó a decir que se sintió «utilizado y traicionado» por aquella experiencia, aunque títulos como Ninja Terminator acabarían convirtiéndose, con los años, en películas de culto.
🎞️ Últimos papeles y un adiós discreto
De vuelta en Estados Unidos desde 1986, Harrison redujo su actividad frente a la cámara. Su papel más recordado de esta última etapa fue el de Jack Roth en el drama Lies of the Twins (1991), junto a Isabella Rossellini y Aidan Quinn, rodado en parte en su propia casa de Malibú. Sus últimas apariciones en pantalla llegaron con Angel Eyes (1993) y Jerks (2000), antes de retirarse definitivamente de la interpretación.
Con su muerte, el spaghetti western pierde a uno de los actores estadounidenses que mejor representó una época muy concreta del género: la de los intérpretes que cruzaban el Atlántico buscando papeles que ya no encontraban en Hollywood y que, sin saberlo, acabaron rodando algunas de las películas más influyentes —y a veces más disparatadas— del cine europeo de los años 60 y 70.
🗡️ Un físico que le abrió más puertas que su interpretación
Harrison siempre fue consciente de que su carrera en Italia se apoyó, al menos al principio, en un físico trabajado en los gimnasios de Los Ángeles. A diferencia de otros musculosos convertidos en actores en aquella época, como Steve Reeves o Brad Harris, Harrison había pasado por formación actoral seria, algo que sus biógrafos suelen destacar como la diferencia entre él y buena parte de sus compañeros de reparto en el cine de romanos.
Esa combinación —cuerpo de héroe de péplum, formación de actor de estudio— le permitió trabajar con directores como Antonio Margheriti o Marino Girolami, y compartir cartel con nombres tan dispares como Klaus Kinski, Anita Ekberg o Fernando Sancho, habitual también en los westerns rodados en España durante esos años. Fue precisamente ese tipo de reparto mixto, mitad italiano, mitad español, mitad estadounidense, el que definió al spaghetti western como género verdaderamente europeo.
📚 Lo que queda: filmografía, anécdotas y un puñado de rodajes en España
Buena parte de lo que hoy se sabe sobre el paso de Harrison por España proviene de bases de datos especializadas como The Spaghetti Western Database, que documentan con detalle su filmografía europea, y de los obituarios publicados esta semana en agencias como Infobae, que repasan tanto su etapa dorada en Italia como su curiosa deriva posterior hacia el cine de ninjas de Hong Kong. Entre esos títulos, El Rojo sigue siendo la referencia más clara de su paso por un rodaje en suelo español.
No fue, ni de lejos, la producción más recordada del spaghetti western made in Spain, pero comparte genealogía con clásicos mucho más célebres rodados por las mismas fechas en Almería y Madrid: el mismo tipo de coproducción ítalo-española, el mismo reparto internacional, el mismo puñado de localizaciones reutilizadas una y otra vez porque funcionaban igual de bien para el Oeste americano que para cualquier otro escenario árido o serrano que necesitara un guion.
📍 Un rodaje más en la lista de Madrid como plató de western
El paso de Harrison por La Pedriza en 1966 es solo una pieza más de un mapa mucho más grande: el de la sierra de Madrid como localización habitual del western europeo durante las décadas de mayor producción del género, desde Manzanares El Real y Colmenar Viejo hasta Hoyo de Manzanares, con Golden City como decorado más conocido. Cada nuevo nombre que se suma a esa lista, por menor que sea su papel en la historia del cine, confirma lo mismo: durante un puñado de años, la sierra madrileña fue, con todas sus letras, un pedazo de Oeste americano.
Richard Harrison quizás no pase a la historia como uno de los grandes nombres del spaghetti western, pero su paso por Madrid, su filmografía italiana y esa anécdota sobre Eastwood que él mismo repitió durante décadas bastan para que su nombre siga apareciendo, de vez en cuando, en cualquier repaso serio al género que ayudó a construir sin buscarlo demasiado.
A sus 90 años, deja detrás casi siete décadas de cine repartidas entre Roma, Hong Kong y un rincón de la sierra de Madrid que, sin saberlo entonces, se acabaría convirtiendo en parte de pleno derecho de la historia del western hecho en España.







